Acabé llorando como Chris Gardner

Share

Nadie que no haya estado en tu lugar puede medir lo que te ha costado llegar.
Ni medirlo, ni sentirlo.

Los conocidos ven la punta del iceberg.
Los amigos y la familia intuyen algo más.
Tu salud, a veces, cuenta otra parte.
Pero lo que queda debajo del agua solo lo sabes tú.

Te cuento un trozo del mío.

En 2010, Coca-Cola confió en mí para un proyecto grande.
Anuncios en televisión, marquesinas de autobús.
Campaña en YouTube y demás redes sociales.

Había mucho en juego.
Mucho...

Si aquello salía mal, me hundía hasta la ultratumba.

Hoy veo el presupuesto que pasé y me entra la risa tonta.
Tenía ganas, pasión y voluntad de hacer algo grande.
Lo que no tenía era la madurez para cargar con lo que eso suponía.

Porque lo que más pesa en un proyecto así no es el trabajo.
Que también.
Es la responsabilidad que te echas a la espalda.
Y eso también tiene un precio.
Yo no lo supe calibrar.

Por aquel entonces vivía en Londres.
En un diminuto apartamento de Notting Hill.

Fueron unas cuantas noches sin dormir.
Codo con codo con otro gran profesional.
Y amigo.

Hubo una madrugada en la que pensé que no llegábamos.
Pero no me puse a pensar si podía con todo.
Solo en lo siguiente que había que hacer.
Y luego en lo siguiente.

Al final lo dimos por terminado.
Pero faltaba el test final.

Días después recuerdo bajar las escaleras del portal.
Mochila a la espalda y unos patines colgando de ella.
Ese Viernes noche había ruta nocturna con los patinadores de Londres.

De camino al Tube, me llega un mail.
Venía a decir que todo perfecto.
Y un agradecimiento sincero.

Y lloré.

Yo, que no soy de llorar.
Estaba como un niño, en mitad de la calle.

Años antes había visto esta película.
En busca de la felicidad.

Ojo!
A partir de aquí va Spoiler.

Esa escena en la que a Chris Gardner por fin le dicen que sí.
Después de luchar como el que más.
De demostrar lo que valía.
De no rendirse cuando todo le pedía que lo hiciera.

Sale a la calle y camina entre la gente llorando.
Aquella escena me llegó adentro.
Nunca imaginé que la viviría.

Pues la viví. Tal cual.
Solo que era de noche.
Y en lugar de San Francisco, Londres.

Fue irrepetible.

Y no, no fue suerte.

Fueron esas noches.
Y fueron también los dos años anteriores.
Metido en otro proyecto precursor que acabó en frustración.
Dos años que parecían tirados a la basura...
Hasta que llegó Coca-Cola.

Y antes de eso, más.
Uno, tres, cinco, siete años.
Siete años me costó llegar a ese mail.

Seguir cuando la cabeza quería rendirse.
Avanzar con miedo, con cansancio y con dudas, sin nadie aplaudiendo.

Desde fuera se vio una campaña de Navidad.
Y el éxito de unos currantes.
Pero debajo del agua había siete años.

El sí tarda lo que tarda.
Pero cuando llega, todo lo de abajo cobra sentido.

Si hoy estás esperando el tuyo...
Un correo después de muchas entrevistas.
Una llamada después de muchos presupuestos...

No midas lo que vales por lo que tarda en llegar.
Piensa solo en el próximo paso.

Lo que hay debajo del agua nadie más lo ve.
Pero será lo que te sostiene.
Y lo que acabará por recompensar.

— JIYUKO