Envidiar es admirar sin querer admitirlo
Aparece cuando a alguien cerca de ti le va bien.
Y si le va muy bien, esa emoción crece.
Esa emoción es la envidia.
Y te dices:
- Tuvo suerte.
- Tenía contactos.
- Llegó pronto.
- Algo malo habrá hecho.
- Seguro fue heredado.
- Etc.
Yo la he sentido tal cual.
Por mi boca salieron estas y otras justificaciones.
Y me las he creído.
Lo curioso es que la envidia aparece donde hay admiración.
No envidias lo que desprecias.
Envidias exactamente aquello que en el fondo te gustaría para ti.
Así que la envidia es admiración con la boca cerrada.
En 1981, en San Francisco.
Un vendedor de escáneres médicos arruinado vio aparcar un Ferrari en su plaza de aparcamiento.
Tenía dos opciones.
Envidiar o Aprender.
Te dejo el fragmento del clip por aquí.
Decidió aprender y lanzó dos preguntas:
- Qué hace usted.
- Y cómo lo hace.
El caso es que la envidia asume que el mundo es una tarta.
Si él tiene, es porque a ti te quitaron.
Este es el típico pensamiento socialista de suma cero.
Y con esa idea dentro ningún esfuerzo tiene sentido.
Porque el problema siempre está fuera de ti.
Aquel vendedor se llamaba Chris Gardner.
Y fue real.
Y sí, el encuentro del Ferrari también.fue real, en 1981.
Casualmente el año que nací.
La película es de 2006.
La vi en el cine y recuerdo haberme emocionado con ella.
Casi veinte años después sigo sacando cosas de ella.
Chris Gardner no tenía título, ni casa, ni dinero.
Tenía una plaza de aparcamiento.
Y la cambió por dos preguntas que le cambiaron la vida.
— JIYUKO