Cuando un jesuita llamó ladrón al rey
Todas las ideas que me inspiran tienen un origen.
La escuela austriaca.
Cuando leí sobre ella, sentí ese clic.
El de cuando algo por fin tiene sentido.
Pues hoy va de eso. De qué narices es esta escuela.
1871
Carl Menger publica un libro y, sin saberlo, funda una escuela.
La austriaca.
Mises, Hayek, Rothbard.

Te la resumo en tres ideas.
Una.
La economía no va de fórmulas.
Va de personas.
Personas que actúan libremente, cada una con sus motivos.
Y esos motivos no caben en la hoja de cálculo de ningún ministerio.
Dos.
El valor no es algo fijo.
Nada vale "lo que cuesta hacerlo".
Ni lo que "tu crees que debería valer".
Vale lo que el resto esté dispuesto a dar por ello.
Y ya está.
Esto es Anti-Marx en estado puro.
Si quieres profundizar tienes una estudiada crítica a la economía política marxista (Deusto).
Tres.
Cuando alguien fabrica dinero de la nada, no crea riqueza.
Solo la mueve.
De tu bolsillo al suyo.
Se llama efecto Cantillon. Y da para otro mail entero.
Hay mucho más debajo...
Pero con esto nos vale para lo que viene ahora.
Yo creía que todo esto había nacido en Viena.
Pues no.
Empieza tres siglos antes.
Y mucho más cerca de casa.
Salamanca.
Empieza con un fraile.
Francisco de Vitoria.
Llega a la cátedra en 1526.
Y lo que monta no es una clase de teología.
Es otra cosa.
Algo más peligroso.
Un grupo de hombres preguntándose.
¿De verdad el rey, el emperador, el mismísimo Papa, tienen poder sobre el individuo? ¿Sobre su vida, su tierra, su conciencia?
Spoiler: dijeron que no.
Que ningún imperio está por encima de la dignidad de una persona.
Ni siquiera sobre los indios de un continente recién descubierto.
Eso incomodó, y mucho.
Hay quien cree que la fe cristiana no sirve para nada.
Pues bien, la defensa del individuo frente al Estado salió de ahí.
De una sotana, no de un parlamento.
De esa misma escuela salieron los que entendieron el dinero.
Por aquella época la plata de América entraba por Sevilla a toneladas.
Y los precios subían.
Cuanta más plata, más caro todo.
Nadie lo entendía. Bueno, nadie no.
Un tal Martín de Azpilcueta sí.
El dinero vale más donde escasea.
Si lo multiplicas, vale menos.
La inflación.
Explicada por un teólogo navarro.
Cuatro siglos antes de que existiera ningún banco central.
Y luego está Juan de Mariana.
Un jesuita que escribió que el rey que devalúa la moneda sin permiso del pueblo está robando.
Así. Sin rodeos.
Lo procsaron por eso.
Lo curioso es que Menger (escuela austriaca) no los conocía.
Si, en cambio una investigadora, discípula de Hayek.
Parece ser que fuerón trescientos años de silencio entre unos (Salamanca) y otros (Austria).
Y aun así. Llegaron a lo mismo.
- La economía va de personas libres.
- El valor es subjetivo.
- Multiplicar el dinero lo destruye.
Vitoria dijo que ningún poder está por encima de la persona.
Mariana, que ningún rey debería poder tocar tu dinero.
Y ahora te dejo lo más sorprendente!
Pasaron cuatro siglos. Y alguien les hizo caso.
Alguien que lo escribió en código.
- Nadie lo dirige. No hay despacho, ni ministerio, ni rey.
Solo personas libres que se ponen de acuerdo. - Nadie le pone precio por decreto.
Vale lo que la gente está dispuesta a dar por él.
Subjetivo, como decían los austriacos. - Y nadie lo puede multiplicar.
Veintiún millones. Ni uno más.
Bitcoin no le pide permiso a ningún rey, ni a ningún estado.
Quién se lo iba a decir a aquellos frailes...