Ese día preferiría no estar vivo

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Ni una sola vez
Nunca ha ocurrido.

En la economía existen millones de decisiones diminutas.
Cada segundo.
Tomadas por gente de lo más variopinto.
Algunas se conocerán directamente.
Otras indirectamente.
La mayoría, nunca.

Pero todas actuando según lo único que conocen bien.
Su propia vida.

Cuánto pan hornear.
Qué ruta tomar hoy.
Cuándo comprar, cuándo vender, cuándo esperar.

En fin.
Cuándo y cuánto esto y aquello.

Y nadie puede juntar toda esa información de forma eficiente.
Ni una sola mente, por endiosada que se crea.
Ni mil mentes juntas, empeñadas en pretenderlo.

Da igual.
Es imposible.

Y si llegará a ser posible algún día por IA.
Dinero electrónico.
Y computación cuántica.
Ese día preferiría no estar vivo.
En ese mundo ya no habría libertad.

Pero a día de hoy.
Siempre aparece alguien dispuesto a decidir por todos.
Gobiernos colectivistas empeñados en:

  • Fijar el precio del dinero.
  • Fijar cuánto vale tu hora de trabajo.
  • Fijar cuánto cuesta un alquiler.
  • O una cesta de la compra.

Lo hace desde un despacho y con una falsa buena fe.

Y falla.
Porque el problema no tiene solución desde ahí.

Un precio no se calcula.
Emerge.
Es una señal del mercado.
De la acción humana.
De esas millones de decisiones.
Que nadie coordinó, y que se coordinaron solas.

Y sin esa cordinación descentralizada, los precios dejan de existir.
Anxo Bastos lo explica bien aquí:

Nadie coordinó al agricultor con el transportista.
Ni al transportista con el panadero.

Se coordinaron ellos solos.
Siguiendo señales y precios que nadie firmó.

El dinero funcionaba igual.
Antes de que alguien se creyera capacitado para administrarlo.

Bitcoin elimina al administrador.
Un protocolo que deja que decidan millones de personas.
De forma individual.
Descentralizada.
Sin pedir permiso a nadie que esta por encima.

Ninguna persona por muy endiosada que se crea, está capacitada para coordinar el destino de millones de personas.

El comercio es descentralizado.
El dinero puede ser descentralizado.
El futuro ojalá sea descentralizado.

— JIYUKO