Un rico no tiene patria

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Nacer en un sitio no es ningún mérito.
Tampoco es una deuda.
Nadie te lo preguntó.

Puedes tener la suerte o desgracia de nacer en ese sitio.

Pero la verdad es que te pasan la factura toda tu vida.
Con más o menos facilidades.
Opresiones.
Libertades.
Impuestos.
Hasta el Exit Tax, un impuesto por dejar el país donde naciste.

A eso lo llaman algunos patria.
Y al que no paga por mantener esa patria, traidor.

Hace poco escuché una frase, dicha con desprecio:

Un rico no tiene patria.

Lo dijo como si fuera una acusación.
Como si la culpa fuera suya por no quedarse a sufrir con los demás.

Y es verdad. Un rico no tiene patria.

Ojo con el matiz.
Sigue queriendo su tierra, probablemente.
Lo que ya no hace es fingir que la quiere para poder seguir viviendo en ella.
Como muchos de esos patriotas.
Que están necesitados de un pueblo pobre dócil y patriota.

El rico. Tiene la puerta abierta.
Puede quedarse. Puede irse.
Elige.

Vota con los pies.

El pobre no ama más su tierra que el rico.
Simplemente puede no tener otra salida.
Y cuando no tienes salida, hasta la jaula acaba siendo el hogar.

Durante siglos esa salida fue solo para unos pocos.
Oro que cruzaba fronteras sin pedir permiso.
Cuentas en otro país.

Bitcoin coge ese privilegio de libertad, que antes era de cuatro.
Y la mete en el bolsillo de cualquiera.
Doce palabras.
Y tu patrimonio deja de depender de un territorio.
Ese que decide cuánto vales o cuánto le debes.

Quizás la pregunta no es cuánto amas tu país.
Quizás es, simplemente: ¿puedes irte si te oprime?.

— JIYUKO