Y el psicólogo creía que algo iba mal
Seguro que más de una vez lo has sentido.
Que los días pasan. Uno tras otro.
Y no los vives de verdad.
Yo también estaba en esa rueda.
Trabajo, plazos, facturas, reuniones.
Persiguiendo el éxito.
Y sin embargo, de crío iba a mi bola.
En el cole era un desastre. Repetí quinto.
Lo suspendía todo salvo dos cosas: filosofía e informática.
La filosofía me salía sola. Pensar, preguntar, darle vueltas a todo.
De la informática me enganchaba crear cosas. Programar, diseñar.
Pasaba las noches delante del ordenador.
Y llegaba al insti hecho un zombi.
El psicólogo pensaba cosas raras. Maltrato. Drogas.
No se creía que pasaba las noches programando.
Pero de mayor dejé de ser así. Sin darme cuenta.
Lo cambié por lo que tocaba.
Así, poco a poco, acabas viviendo una vida que no es la tuya.
Hace pocos años me di cuenta de que el éxito no está fuera.
No está en el piso, ni en el sueldo, ni en el título.
Está dentro. Y es distinto para cada uno.
Empieza por conocerte.
Si no te conoces, no eliges.
Vives arrastrado por lo que toca. Por lo que esperan de ti.
Y así no hay éxito. Porque no es el tuyo.
Es jodido, no te voy a engañar.
Es preguntarte, incomodarte, mirar lo que no quieres ver.
Pero cuanto más te conoces, más valor puedes aportar.
Y aquí viene lo curioso.
Lo que aportas vale lo que el resto cree que vale.
Pero el valor real solo lo das cuando sabes quién eres.
Para ser altruista, primero hay que ser egoísta.
Primero tú. Conocerte. Entenderte. Estar bien contigo.
Fíjate.
Los que han tenido éxito son aquellos que más se conocen.
Los más fieles a sí mismos.
Personas libres, que crean valor desde lo que son.
El éxito no es una meta que te dan.
Es algo que construyes sobre lo que eres.