Y si la Iglesia aún pintara algo

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El otro día alguien me dijo que la Iglesia no pinta nada.
Que no tiene nada que ver con nosotros, ni con la sociedad de hoy.

La Iglesia hizo cosas mal.
Horribles. La inquisición.
Pero construyó algo que llevamos sin darnos cuenta.

La fe.
La idea de que dos personas se prometen para toda la vida. En la salud y en la enfermedad.
La familia.
La palabra dada.

Cosas que damos por buenas sin pensarlas.
Son instituciones.
Reglas del juego que perduran.

Y hay un detalle.
Todas son instituciones que no pedían permiso al rey.
Estaban por encima de él.
Lo limitaban.

Hoy casi todo pertenece al Estado.
El dinero, el registro, hasta el sí quiero pasa por él.
El nuevo Rey del que somos súbditos.

Y todo poder que quiere ser el único tiene el mismo afán.
Absorber lo que no controla.
La familia, la fe, la educación, el dinero, la soberanía individual.

De ahí muchos ataques.
Algunos frontales y otros sibilinos.
Lo comparten el socialismo, el comunismo y el fascismo.
Un Estado grande, por encima de todo, del que nada se escapa.
Lo dijo Mussolini sin pudor.

Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado.

Todo lo que limitaba al poder fue cediendo.
Y el Estado se quedó prácticamente sin nadie enfrente.
Ahora lo tiene.
Es un dinero que no obedece.
Una nueva institución.
Bitcoin.