No pedí nacer
Nadie pidió nacer.
Es verdad. Yo tampoco.
El otro día me saltó un reel de una chica explicándolo muy en serio: ella no pidió venir al mundo, así que no entiende por qué tiene que trabajar.
Decía: cosas que no comprendo versión capitalismo.
Lo primero que me salió fue un uffff.
Lo segundo, más raro: pues yo también divague con esto de joven.
Tuve mi temporada antisistema.
Y no me avergüenza.
Quizás a esa edad pasamos muchos por ahí.
El problema no es ella.
El problema es lo que la ha formado.
Esta chica es un producto del socialismo.
Es lo que pasa cuando a nadie lo sientan de crío a pensar.
A reflexionar sobre lo que le va a ocupar gran parte de su vida.
El trabajo duro.
El valor de las cosas.
El dinero.
Ella no eligió nacer y no quiere trabajar.
Pero!
¿De dónde sale entonces lo que come?
¿La luz que enciende?
¿Su casa?
Sale del que sí madruga.
Del que se parte la espalda haciendo paredes.
Del que suda cultivando.
Todos ellos tampoco pidieron nacer.
Y sin embargo, en su mundo ideal, tendría que trabajar igual.
No para sí mismo: para sostenerla a ella.
Vía impuestos, claro.
Siempre vía impuestos.
Y los que le ponen el discurso bonito, los de arriba, esos sí que entienden el dinero.
No divagan con él. Lo manejan.
Por eso están arriba.
Y para seguir estándolo no necesitan que trabajes.
Necesitan que no entiendas sobre dinero, sobre libertad.
Nadie elige nacer.
Pero entender el dinero, o no, eso sí se elige.
¿De qué lado andas tú?
— IYUKO