Pensaba que el mercado era cruel
Pensé durante muchos años que el mercado es frío.
Incluso cruel.
Que no mira por nadie.
Que solo calcula.
¿Pero realmente es tan malo?
El mercado somos nosotros.
Cada vez que compro.
Cada vez que vendo.
Cada vez que pido algo a cambio de otra cosa.
Ahí estoy yo, exigiendo.
Ahí está el otro, exigiendo también.
Los dos egoístas.
Los dos buscando lo suyo.
Y sin embargo.
Nadie cobra si no entrega antes algo que el otro quiera.
Ese es el truco que tardé años en ver.
Y que muchos siguen sin ver.
Para ganar tienes que servir.
Para servir tienes que dar.
Son las dos pesas de una balanza.
Un lado parece egoísta.
El otro parece altruista.
Y son la misma balanza.
Nadie se libra de pesarse en ella.
Empiezo a pensar que las sociedades enferman igual.
Cuando piden más de lo que ofrecen.
Cuando protestan en vez de construir.
Cuando esperan que otro resuelva lo que a ellas les toca.
Ahí no hay mercado que aguante.
Ahí se empobrece la sociedad entera, por su propio egoísmo.
La balanza se desequilibra.
Quizás la libertad empieza el día que entiendes esto.
Que nadie te debe nada por pedir.
Que el mundo te paga por lo que entregas, no por lo que reclamas.
¿Y tú, hoy, has pedido más de lo que has dado?
— JIYUKO